Margot Campo, líder de S.O.S Cuidadoras, es una de las voceras de la Red Nacional de Cuidadores Familiares Marchantes, una expresión de una lucha colectiva construida desde el cuidado, la resistencia y la dignidad.
No se trata de una historia individual, sino de una experiencia compartida que representa a miles de mujeres cuidadoras en Colombia que han transformado el dolor en acción colectiva.
Construcción desde lo vivido y agradecimientos
El movimiento expresa un agradecimiento profundo al Ministerio de Igualdad y Equidad de Colombia, especialmente a la doctora Natalia Moreno Salamanca, por abrir espacios de escucha y acompañar estos procesos con humanidad. Este respaldo ha permitido que las voces de las cuidadoras sean escuchadas y que las acciones institucionales se construyan desde la realidad cotidiana del cuidado.
Así nacen los movimientos sociales: del sentir, de la tristeza, del dolor y también del sinsabor de patria. De experiencias reales que durante años permanecieron invisibilizadas.
Una identidad colectiva que se hace pública
Las cuidadoras organizadas hoy son mucho más que luchadoras incansables por el derecho al cuidado de personas con discapacidad de baja autonomía. Sus voces no son gritos aislados: forman parte de un movimiento social amplio, vivo y necesario, que busca transformar las condiciones en las que se ejerce el cuidado.
Este proceso se sostiene en una identidad colectiva, unida por el reconocimiento mutuo de una necesidad y una lucha compartida. Aunque el cuidado ocurre en lo privado, la exigencia de derechos se hace en lo público.
La existencia del colectivo organizado demuestra que la suma de las luchas individuales ha generado una fuerza imparable, capaz de interpelar al Estado y a la sociedad.
Marcha, resistencia y memoria
La historia del movimiento comienza en la marcha y la resistencia, en el caminar de las mayores que aún continúan cuidando. A ellas se les reconoce como maestras del proceso, por haber enseñado a nombrarse, reconocerse y organizarse.
Mujeres como Nohora Orozco fueron fundamentales en este camino. Su lucha contribuyó de manera decisiva a la construcción de la Ley 2297 de 2023, dejando una huella profunda en el reconocimiento del cuidado como un asunto de derechos.
Recordar estas batallas es un deber colectivo para quienes hoy continúan exigiendo el reconocimiento como Cuidadoras de Personas con Discapacidad de Baja Autonomía.
Hitos de la lucha colectiva
La primera gran marcha (hace tres años)
Cuatro mujeres del Valle del Cauca caminaron hasta la capital del país, realizando el primer gran acto simbólico que permitió visibilizar la causa a nivel nacional: María Díaz “La Caucanita”; Liliana Pardo Rojas; Diana Carvajal. Este acto marcó un antes y un después en la historia del movimiento.
La consolidación del grito nacional (2025)
El año 2025 representó un nuevo punto de inflexión. La fuerza se multiplicó y se retomó la caminata con la participación de ocho mujeres de distintas regiones —Huila, Cundinamarca, Bucaramanga y Valle del Cauca—, unidas para exigir la reglamentación de la Ley 2297: María Díaz “La Caucanita”, Margot Campo, Ilba Yohana Trujillo Garzón, María Elcy Pinacué, María Eugenia Montoya, Clementina Ramírez, Karen Andrea Manzano.
Esta acción fortaleció la articulación nacional y presionó al Estado para avanzar en el reconocimiento efectivo de los derechos del cuidado.
La protesta decisiva en Plaza Bolívar
La movilización no concluyó con la marcha. Como acto de resistencia pacífica, se llevó a cabo una protesta de tres semanas en la Plaza Bolívar, donde varias cuidadoras se amarraron para exigir de manera directa la reglamentación de la Ley 2297 y la atención urgente a las demandas históricas del movimiento.
Esta acción, liderada por Ilba Yohana Trujillo y Margot Campo, se convirtió en un llamado firme al Estado para garantizar el respeto, la dignidad y la vida de las personas con discapacidad de baja autonomía.
Cuidado, dignidad y lucha pública
El movimiento por los derechos del cuidado demuestra que la articulación entre el cuidado cotidiano y la acción pública es una de las herramientas más poderosas para exigir justicia, dignidad y reconocimiento.
La defensa de las personas cuidadas continúa en pie de lucha, porque sus vidas importan y deben ser protegidas. Las cuidadoras no se reconocen como las más fuertes ni las más valientes, sino como mujeres que sostienen la vida desde el amor incondicional.
Dedicado a la memoria y a la vida
Este texto está dedicado a la población con discapacidad múltiple y con enfermedad, que ha perdido la vida en medio de disputas de poder y como consecuencia de un sistema de salud profundamente debilitado.
La lucha del cuidado es, ante todo, una defensa de la vida y de la dignidad humana.

